Una boda religiosa en el corazón de Granada y un Valle de Lecrín que se quedó quieto para que ellos dos existieran.
La Iglesia del Sagrario lleva construida sobre la antigua mezquita mayor de Granada desde el siglo XVIII. Cuando entras, la cúpula central y las bóvedas de crucería te obligan a mirar hacia arriba antes de mirar al altar. Ese gesto involuntario — la cabeza que se eleva sola — lo vi en casi todos los invitados mientras esperaban. Y después lo vi en Javier cuando Cristina apareció al fondo del pasillo.
Hay ceremonias donde el fotógrafo trabaja mucho. Hay ceremonias donde el fotógrafo simplemente no puede equivocarse el momento de disparar. La del Sagrario fue de las segundas: una iglesia con quinientos años de historia encima y dos personas que llenaron cada rincón de ella sin necesidad de ninguna instrucción.
Después, el Valle de Lecrín. Los Jardines El Zahor llevan desde 1975 en ese rincón entre Dúrcal y la Barriada de Marchena, a los pies de Sierra Nevada, y tienen esa condición de los lugares con historia propia: no necesitan decoración para tener alma. La tarde se fue con el sol detrás de la montaña y la fiesta siguió hasta que ya no había luz para fotografiar. Ese es siempre el mejor indicador.
El Sagrario no es una iglesia fácil de fotografiar. La luz entra filtrada, los pilares de orden corintio crean sombras donde no las esperas y la planta de cruz griega hace que ningún ángulo te lo dé todo. Pero cuando la ceremonia tiene la intensidad que tuvo esta, la arquitectura deja de ser un obstáculo y se convierte en el encuadre.
Salimos del centro de Granada con la luz ya bajando. Hay una ventana entre el centro histórico y el Valle de Lecrín que dura lo que tarda en caer el sol detrás de Sierra Nevada — en verano, cuarenta minutos. En ese trayecto, Javier y Cristina dejaron de ser los novios y volvieron a ser ellos. Eso se nota en las fotos.
Los Jardines El Zahor tienen jardín propio y Sierra Nevada de fondo. Para un fotógrafo, eso es una conversación muy fácil: luz natural, espacio, verde. La fiesta fue larga y ruidosa de la mejor manera. Cuando una boda termina con la pista llena hasta el final, es que algo salió bien desde el principio.
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Si vuestra boda va a ser en Granada, en cualquier iglesia, en el centro histórico, en la Vega o en la Sierra y queréis que alguien la documente sin que nadie lo note, contadme vuestra historia.
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